Todos hemos oído que Pinto está literalmente hueca en su subsuelo por las muchas cuevas que se horadaron en los siglos XVI y XVII para albergar las famosas bodegas donde se elaboraba y conservaba su célebre vino. En aquellos tiempos, entre las localidades de Pinto y Valdemoro, existían vastos campos de viñedo que dieron lugar a la conocida frase «Entre Pinto y Valdemoro« que aludía al que se excedía en el consumo del jugoso néctar.

Se trataba de unas cuevas centenarias para la cría y guarda de las distintas añadas. Aprovechando las propiedades e importancia del subsuelo, que proporcionan de forma natural una temperatura y humedad estable durante todo el año, las cuevas se crearon por la imperiosa necesidad de conservar el preciado tesoro que era el vino.

Imagen de otras dos cuevas que darían a la calle Ecuador. Al fondo a la izquierda, la fachada del Ayuntamiento de Pinto

Las obras que se están desarrollando junto a la plaza del Vaquerizo, la antigua travesía de la Concepción o calle de la Tahona Quemada, actualmente Amadeo I y Ecuador, han sacado a la luz las galerías de estas cuevas que existían en el subsuelo del entramado del casco histórico de Pinto. Es probable que estas cuevas tuvieran un trazado de forma reticular, de manera que estuvieran comunicadas entres sí conformando una red, o quizá únicamente formaran parte del subsuelo de cada finca o casa. Unas cuevas que se suman a las ya conocidas como las que había en la calle Cádiz, junto al Raso del Nevero; en la calle Edmundo Méric; en la Plaza de Santiago; en la calle Real; en las proximidades de la iglesia parroquial de Santo Domingo de Silos o en la calle de la Cadena.

Estas galerías subterráneas centenarias excavadas reunían tinajas de diversas capacidades

Según testigos presenciales, en dichas obras, los operarios han extraído y recuperado de esta cueva una antigua tinaja de barro cocido de metro y medio de altura. La centenaria tinaja se encontraba en perfecto estado. Una prueba más de los alambiques para destilar vino que Pinto tuvo desde el siglo XVI. El barro y el vino caminaron de la mano durante más de dos milenios en muchas regiones de España. Durante siglos, las tinajas de barro sirvieron como recipiente para la conservación, fermentación y maduración del vino hasta la irrupción del acero inoxidable a mediados del siglo XX, que finalizó con este tipo de envases.

Recuperación de una gran tinaja en una cueva de Tomelloso en abril de 2021

En los últimos años, algunos enólogos de diferentes puntos de España han puesto sus miras en la recuperación de este tipo de recipientes para la producción del vino, convencidos de que el barro incide de manera positiva en la calidad del vino. Algo que se está demostrando, ya que las tinajas de barro posibilitan la micro-oxigenación que requiere el vino para su estabilización y mantienen la frescura frutal.

Una tinaja es un recipiente de barro con forma de vasija de perfil ovalado, boca y pie estrechos y por lo general sin asas. Tinajón sería una tinaja grande, más profunda y panzuda, tradicionalmente utilizada para almacenar vino. Sin duda, la tinaja formaría parte del cocedero de una bodega, una gran estancia que albergaba el proceso de fermentación del mosto en vino, y que precedía a su trasiego a la cueva para su posterior comercialización. Su elaboración era un laborioso proceso de varias semanas en el cual dejaban su huella marcando sus iniciales en lo que denominaban el “rostro” o boca de la tinaja. Otra de las marcas características eran los “liñuelos”, es decir, las trazas que dejaba la cuerda de esparto que cada 20-25 centímetros rodeaba la tinaja para que la arcilla recién soldada no se agrietara.

Aspecto de una cueva-bodega con tinajas

Las cuevas-bodegas son un tipo de construcción subterránea que se pueden hallar en todo el centro histórico pinteño. Su principal fin fue la maduración y conservación del vino. En su interior, independientemente de las condiciones climáticas externas, la temperatura se mantiene prácticamente constante a lo largo de todo el año. La adecuada temperatura de las cuevas permitía conservar el vino, especialmente durante la época estival, donde el calor podía echar a perder dichos caldos. A partir de finales del siglo XIX, el cultivo del vino en Valdemoro y Pinto se perdió como consecuencia de las epidemias de filoxera que atacaron a la mayoría de las viñas de España. Desde ese momento, estas cuevas se utilizaron para cultivar el champiñón, actividad que continuó durante las primeras décadas del siglo XX.

Es una auténtica lástima que estas estructuras que hoy todavía existen en nuestro subsuelo vayan desapareciendo y no podamos documentarlas o conservarlas como ejemplo de la arquitectura tradicional local, como gran productor de vino que fue Pinto en su pasado. Sería imprescindible su estudio histórico para ampliar el conocimiento de nuestra historia local. Pinto está perdiendo estas estructuras históricas, auténticos tesoros enológicos, que evidencian nuestro importante pasado como productor vinícola. Un legado de cuevas-bodegas merecedoras de un patrimonio histórico a conservar.

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