El pintor e ilustrador pinteño presenta ‘Ecos del pasado’, una exposición que reúne retratos y paisajes en acuarela y que invita a detenerse, mirar atrás y reflexionar sobre nuestras experiencias y recuerdos. La muestra podrá visitarse del 6 al 26 de noviembre en la Biblioteca Javier Lapeña de Pinto.

Hay artistas que pintan lo que ven y otros que, además, pintan lo que sienten. José Antonio Morillo pertenece a este segundo grupo. Para él, cada obra es mucho más que una composición sobre papel: es una parte de su tiempo, de sus experiencias y de su propia historia.

Pinteño, pintor e ilustrador, Morillo lleva años desarrollando una trayectoria artística marcada por la inquietud creativa, la experimentación y una especial sensibilidad por el retrato y la acuarela. En 2025 obtuvo el primer premio del concurso del cartel de las Fiestas Patronales de Pinto con su obra Un pregón histórico, en la que reunió diferentes personajes vinculados a la historia y las tradiciones de la localidad.

Ahora regresa con Ecos del pasado, una exposición que supone, según sus propias palabras, un punto de inflexión en su vida. Una propuesta en la que recupera técnicas, recuerdos y sensaciones de otras etapas, fusionándolos con su mirada actual.

La muestra reúne retratos, paisajes y composiciones realizadas en acuarela y técnica mixta, algunas de ellas acompañadas de textos y mensajes que invitan al espectador a reflexionar sobre el paso del tiempo, las decisiones y las experiencias que nos convierten en quienes somos.

Con motivo de esta exposición, conversamos con José Antonio Morillo para conocer su trayectoria, sus influencias, su vinculación con Pinto y todo lo que se esconde detrás de este nuevo proyecto artístico.


ENTREVISTA | José Antonio Morillo, una vida entre pinceles, recuerdos y creatividad

Para quienes todavía no te conocen, ¿quién es José Antonio Morillo? ¿Cómo te definirías como artista?

Definirse a uno mismo es complicado. Siempre he pensado que somos el reflejo o la huella que dejamos en las personas que nos rodean. Quizá la mejor definición de mí sería la que pudieran construir quienes han compartido momentos conmigo.

Como artista me considero una persona muy inquieta, con una mente siempre activa y ganas de crear. Durante años he realizado maquetas, construcciones y diferentes proyectos. Creo que, más que una cualidad especial, lo que me caracteriza es la constancia. Siempre he intentado innovar, sorprender y hacer cosas que dejen huella en quien las contempla.

¿Cuándo comenzó tu pasión por la pintura y la ilustración? ¿Qué formación artística has recibido?

Siempre digo que la pregunta no es cuándo empecé a pintar, sino cuándo lo dejé, porque todos hemos dibujado de pequeños, pero muchos abandonan esa afición con los años. Yo nunca lo hice. Siempre he seguido dibujando, aunque haya tenido etapas de mayor o menor actividad.

A partir de 2012 empecé a tomarme esta faceta con mayor continuidad y descubrí que, cuanto más practicaba, más evolucionaba.

Mi profesión no tiene nada que ver con el arte: soy ingeniero informático. No he recibido una formación artística reglada, aunque realicé un curso en Pinto y, durante mi etapa universitaria, aproveché los créditos de libre configuración para cursar dos asignaturas en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense, alrededor de 2004: grabado calcográfico y dibujo al natural.

Aquella experiencia me encantó y sigue siendo una espinita clavada. Siempre me atrajo el ambiente de Bellas Artes y la posibilidad de haber estudiado esa carrera.

Fotografía: Aura Visual

¿Qué artistas han influido especialmente en tu trayectoria y en tu manera de entender la pintura?

He tenido diferentes referentes. En el ámbito de la ilustración me llamó muchísimo la atención Luis Royo. Recuerdo que iba a los cibercafés para descargar sus imágenes en disquetes, porque entonces no teníamos internet en casa. También compraba sus libros y seguía su trabajo.

En acuarela, que es mi principal afición, me ha influido especialmente Agnes Cecile, por su manera de trabajar el retrato, con mucho color, salpicaduras y una estética poco convencional. También destacaría a Victoria Francés, que situaría de alguna manera entre ambos referentes.

¿Qué te aporta la pintura que quizá no encuentras en otras disciplinas?

Para mí es una auténtica terapia. Tengo una mente muy inquieta, siempre estoy pensando y dándole vueltas a las cosas. La pintura es prácticamente lo único que consigue que mi mente se quede en blanco, se centre y se relaje.

Cuando terminas una obra experimentas una sensación muy especial. Y cuando realizas un encargo y ves que la persona que lo recibe se emociona, no hay mejor recompensa. Saber que has conseguido transmitir algo a alguien es un regalo enorme.

Como artista pinteño, ¿qué significa para ti desarrollar tu trabajo y mostrar tus obras en Pinto?

Es muy importante. Pinto forma parte de mi historia y de mis recuerdos. He estudiado en el colegio Sagrada Familia, en el instituto Santo Domingo de Silos, he crecido aquí, he conocido a muchísima gente y sigo viviendo en mi pueblo.

Mi familia lleva aquí desde que era pequeño y cada rincón me recuerda a personas y momentos, especialmente a mis abuelos y a mi padre, que ya no están. Incluso cuando me fui a vivir un año a Irlanda tenía muchas ganas de regresar.

Me gusta pintar rincones de Pinto, pero hacerlo con mi propio estilo. No busco reproducir exactamente una fotografía. Me gusta que el lugar sea reconocible, que todo el mundo sepa dónde está, pero que también tenga algo personal, algo que lo diferencie. Cada obra es un pedacito de mí y del tiempo que he dedicado a realizarla.

En 2025 conseguiste el primer premio del concurso del cartel de las Fiestas Patronales con ‘Un pregón histórico’. ¿Qué supuso aquel reconocimiento?

Fue algo muy importante, especialmente porque mi hija me animó muchísimo a presentarme.

Después fue impresionante ver el cartel por todas partes: en los escenarios, en los photocalls, en los pases de prensa y en diferentes espacios de las fiestas. Para mí las Fiestas Patronales son algo muy especial. Mis padres incluso organizaban las vacaciones para regresar a Pinto y poder disfrutarlas.

Fue un auténtico bombazo para mí y guardo absolutamente todo lo relacionado con aquel premio.

También hubo una parte menos agradable. La repercusión en redes sociales trajo comentarios de todo tipo y algunos me costó encajarlos. Es la otra cara de este tipo de reconocimientos, pero, sin duda, me quedo con lo muchísimo que disfruté aquella experiencia.

Tu nueva exposición se titula ‘Ecos del pasado’. ¿Por qué has elegido ese nombre?

Siempre pienso mucho los títulos de mis exposiciones. No son algo espontáneo, sino que tienen que ver con el momento vital en el que me encuentro.

Vivimos en un mundo frenético, demasiado rápido, siempre pendientes del reloj, de la inmediatez y del futuro. Tengo la sensación de que nos estamos saltando el presente y que apenas nos detenemos a pensar en lo que hemos vivido.

Con Ecos del pasado he querido precisamente eso: parar, dar un paso atrás y mirar de dónde venimos para poder continuar avanzando.

He vuelto al retrato, he recuperado obras antiguas y he pintado escuchando música de mi adolescencia, desde Nirvana y otros grupos de rock hasta Pearl Jam y Bruce Springsteen. Quería recuperar aquellas sensaciones que me hacían sentir bien y fusionarlas con lo que soy ahora.

El resultado es una mezcla de mi yo del pasado y mi yo del presente.

En el texto de presentación hablas de un punto de inflexión en tu vida. ¿Qué ha cambiado en esta nueva etapa artística?

Tanto este año como el anterior han sido etapas de bastantes cambios. Las circunstancias personales influyen muchísimo en la manera de crear y en la evolución artística.

Creo que necesitaba parar, mirar atrás y recuperar algunas cosas que había dejado en el camino. No se trata de volver a ser quien era, porque evidentemente somos personas diferentes con el paso del tiempo, sino de recuperar aquello que nos hizo sentir bien e integrarlo en nuestra vida actual.

¿Qué vamos a encontrar en la exposición? ¿Qué técnicas has utilizado?

La acuarela sigue siendo la protagonista, aunque también trabajo con técnica mixta. Me gusta incorporar papel de periódico, realizar recortes y pintar sobre ellos.

Es un proceso complicado porque el papel de periódico es muy fino y, al trabajar con agua, puede romperse. Utilizo cola blanca de carpintero para fusionar los materiales y conseguir el resultado que busco.

Me atrae mucho la acuarela porque tiene una parte aleatoria que contrasta con mi carácter perfeccionista y detallista. El agua tiene vida propia y nunca puedes controlarlo todo. Es una especie de complemento: dos formas de trabajar que, aunque parecen opuestas, se atraen.

En la exposición encontraremos retratos, paisajes, obras relacionadas con Pinto y algunas composiciones acompañadas de textos. En ellas quiero transmitir reflexiones sobre la vida, el destino, nuestras decisiones y todo aquello que hemos vivido y que nos ha convertido en quienes somos.

Hablas de recuerdos, experiencias y mensajes ocultos en tus obras. ¿Hay alguna historia especialmente personal detrás de ellas?

Sí, hay bastantes historias personales. Una de las obras incluye una sorpresa para un familiar: aparece un coche que formó parte de nuestra familia y que ya no está, después de una circunstancia bastante curiosa que vivimos este año.

También hay escenas y personajes que esconden sensaciones y mensajes personales. Me gusta que una pintura pueda gustar o no, porque cada persona tiene sus propios gustos, pero también que invite a descubrir algo más.

De hecho, a veces alguien contempla una obra y me transmite una interpretación completamente diferente a la que yo tenía en mente. Y eso también me parece maravilloso, porque cada espectador termina construyendo su propia historia.

¿Cuánto de José Antonio hay en tus pinturas? ¿Es la pintura una forma de expresar lo que a veces no se puede contar con palabras?

Hay muchísimo de mí, prácticamente todo. Si pinto un rincón de Pinto es porque forma parte de mi historia. Si realizo un retrato o represento un personaje, hay detrás algún mensaje o algo que me ha llamado la atención.

Además, cada obra lleva muchísimo tiempo y trabajo: desde comprar la madera y montar los bastidores hasta preparar el boceto, realizar la pintura, darle los últimos detalles y digitalizarla. Todo eso forma parte de mi vida.

Siempre digo que quien adquiere una obra mía no se lleva solamente una pintura que le gusta o que le transmite algo. También se lleva una parte de mi tiempo y de mi vida.

Me gusta especialmente el retrato por las miradas. Siempre me han llamado mucho la atención los ojos. En mis retratos comienzo precisamente por ahí y les dedico muchísimo tiempo. Creo que una mirada puede transmitir una cantidad enorme de emociones. Hay cuadros cuyos ojos parecen seguirte cuando te desplazas por la sala.

¿Qué supone para ti exponer en la Biblioteca Javier Lapeña?

Esta será mi tercera exposición en la Biblioteca Javier Lapeña y, además, una exposición individual.

Me encanta ver la sala completamente montada, con todas mis obras juntas. Siempre me tomo un momento para quedarme solo, contemplarlas y pensar en todo el tiempo que hay detrás de ellas.

Hay también un componente emocional especial: Javier Lapeña fue profesor mío de música en el colegio Sagrada Familia. Tanto mi hermana como yo lo recordamos con muchísimo cariño. Era una persona excelente y nos trató siempre fenomenal.

Por eso, exponer en una biblioteca que lleva su nombre tiene algo muy especial. Parece que la vida va dando círculos y que, al final, todo termina relacionándose con nuestra propia historia.

¿Qué proyectos y retos tienes por delante como artista?

Siempre he tenido en mente montar una academia de pintura. Me gustaría poder dedicarme a enseñar y ayudar a otras personas a desarrollar su creatividad.

Creo que el arte es especialmente importante para niños y adolescentes, también para gestionar la parte emocional. Vivimos rodeados de tecnología y redes sociales y me preocupa que se vaya perdiendo esa capacidad de crear, imaginar y expresarse de otras maneras.

Me gustaría que la gente siguiera dibujando, pintando y cultivando esa parte artística que después puede trasladarse a todos los ámbitos de la vida, tanto personales como profesionales.

Me encantaría trabajar con niños, adolescentes e incluso personas mayores o jubiladas. Sería una manera de aportar mi granito de arena a la sociedad.

También tengo pendiente esa espinita de estudiar Bellas Artes, aunque ahora mismo es más una idea que un proyecto concreto. Y, por supuesto, quiero seguir participando en concursos de pintura, que siempre suponen un reto porque compites con artistas muy profesionales.

Para terminar, si alguien visita ‘Ecos del pasado’ y solamente pudiera llevarse una emoción o un pensamiento, ¿qué te gustaría que fuera?

Me gustaría que saliera pensando en algo, que alguna obra se le quedara en la cabeza y le transmitiera una sensación especial.

A veces visitas una exposición o contemplas una fotografía y sales con una imagen que vuelve a tu mente. Si consigo que alguien se detenga, se relaje, disfrute de un momento agradable y se lleve una buena sensación, para mí ya es más que suficiente.

Vivimos rodeados de malas noticias, miedos, prisas y nerviosismo. Conseguir justo lo contrario, que alguien pueda parar un momento y sentirse bien, me parece un objetivo maravilloso.

Siempre dejo un libro de visitas en mis exposiciones. Utilizo el mismo en todas ellas y me encanta leer los comentarios. Me llaman especialmente la atención los de los niños, incluso los de aquellos que todavía apenas saben escribir. Sus reflexiones son muchas veces sorprendentes.

También me gusta mucho que la gente venga a la inauguración, porque se crea un ambiente muy bonito, aunque siempre me queda la sensación de no poder dedicar a cada persona todo el tiempo que me gustaría.

Por suerte, esta vez la exposición permanecerá abierta durante tres semanas y estaré allí bastantes tardes para acompañar a quienes quieran acercarse.

Cuando una sala acoge mis obras, se convierte un poco en mi casa, y me gusta que quienes la visitan se sientan también como en la suya. Es una oportunidad para compartir el trabajo y la ilusión con familiares, amigos, conocidos, desconocidos y, por supuesto, con todos los pinteños.


‘Ecos del pasado’, una invitación a detenerse

La exposición de José Antonio Morillo podrá visitarse del 6 al 26 de noviembre de 2026 en la Sala de Exposiciones de la Biblioteca Javier Lapeña de Pinto, situada en la calle Juana Francés, 63.

La inauguración tendrá lugar el viernes 6 de noviembre, a las 19:00 horas.

Horario de visita:

  • De lunes a viernes: de 9:00 a 20:00 horas.
  • Sábados: de 10:00 a 13:00 horas.

Una oportunidad para acercarse al universo creativo de un artista pinteño que, a través de la acuarela, los retratos y los paisajes, propone algo tan sencillo y necesario como detenerse un instante, mirar atrás y descubrir que buena parte de lo que somos está construido con los recuerdos que nos acompañan.

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