En Pinto, hablar de Katanga es hablar de uno de los barrios con más personalidad e identidad popular del municipio. Aunque nunca fue un nombre oficial, durante décadas así se conoció coloquialmente a la zona que muchos también llamaban el Prado o las Casas Nuevas.

Tres nombres para un mismo lugar que resumen distintas etapas de su historia: el Prado por los terrenos donde nació, las Casas Nuevas por su reciente construcción, y Katanga por el carácter popular, humilde y unido de sus vecinos.

El nacimiento de las Casas Nuevas

A finales de octubre de 1962 fueron entregadas a sus inquilinos las nuevas viviendas de renta limitada, junto a ocho locales comerciales, construidas por la Obra Sindical del Hogar en los terrenos del Prado. Aquellos solares habían sido vendidos por el Ayuntamiento de Pinto en 1943 con el propósito de levantar viviendas bonificables.

Para un pueblo como Pinto, donde hasta entonces predominaban las casas bajas y las construcciones tradicionales, aquellos bloques modernos supusieron toda una novedad. Por eso, muchos vecinos comenzaron a referirse a aquella zona sencillamente como las Casas Nuevas, nombre espontáneo para un barrio recién estrenado que cambiaba la imagen de esa parte del municipio.

Con el paso de los años, el nombre oficial del Prado se consolidó, aunque durante mucho tiempo aquella denominación popular siguió viva entre los pinteños.

Un barrio humilde y trabajador

Nacía así un nuevo barrio formado principalmente por familias humildes y trabajadoras, muchas de ellas jóvenes matrimonios que comenzaban una nueva vida. Desde el primer momento, la zona destacó por algo que marcaría su carácter para siempre: la cercanía entre vecinos.

Las viviendas compartían soportales, patios y espacios comunes donde la convivencia era constante. Las puertas permanecían abiertas, los niños jugaban juntos y cualquier necesidad encontraba respuesta en la ayuda del de al lado. Más que un conjunto de bloques, Katanga pronto se convirtió en una gran familia.

El origen de Katanga

Durante los años sesenta, el nombre de Katanga apareció con frecuencia en la prensa internacional por la grave crisis política vivida en el entonces recién independizado Congo. En 1960, el antiguo Congo Belga logró su independencia de Bélgica, pero poco después el país entró en una etapa de gran inestabilidad. La provincia de Katanga, una de las zonas más ricas por sus recursos minerales, proclamó su separación del nuevo Estado con el apoyo de intereses extranjeros, lo que desencadenó enfrentamientos armados, intervención internacional y una amplia repercusión en periódicos y radios de todo el mundo.

A raíz de aquella constante presencia en las noticias, en muchos pueblos y ciudades de España comenzó a utilizarse de forma coloquial la palabra Katanga para referirse a barrios nuevos, humildes y periféricos, a menudo alejados del casco urbano principal, con calles aún sin urbanizar y cierto aire de territorio aparte.

En el caso de Pinto, el barrio del Prado reunía varias de esas características. Era una zona de reciente creación, situada entonces más apartada del núcleo tradicional del municipio y habitada por numerosas familias trabajadoras que fueron formando una fuerte identidad vecinal.

Por ello, aquel sobrenombre terminó encajando entre la gente y pasando de simple mote popular a símbolo del barrio. Con el tiempo, lo que quizá comenzó como una denominación externa fue asumido con naturalidad, cariño y orgullo por sus propios vecinos.

La comunidad de San José Obrero

La unión vecinal también se reflejó en el aspecto religioso y social. En los años sesenta nació la comunidad de San José Obrero, formada por vecinos del barrio que celebraban misa en los soportales de los cuatro bloques, ya que entonces no existía un templo cercano.

Con el tiempo, aquella comunidad se transformó en hermandad y comenzó a participar en las procesiones de Semana Santa junto al resto de cofradías del municipio. En 1971 el barrio contaba ya con su propia ermita, levantada gracias al esfuerzo y la colaboración de los propios vecinos.

No podía haber mejor ejemplo del espíritu de Katanga: lo que faltaba, se construía entre todos.

Unas fiestas nacidas de la convivencia

A finales de los años sesenta comenzaron a celebrarse las fiestas del barrio, unas fiestas familiares, sencillas y participativas que reflejaban el alma del vecindario. En sus primeros años, muchos vecinos recordaban la implicación de Sor Corazón y Don José, considerados por numerosos habitantes como impulsores y promotores de aquellas celebraciones.

Los soportales se llenaban de música, concursos y alegría. Había orquesta, elección de miss, carreras de sacos, piñata, partidos de fútbol entre casados y casadas, juegos infantiles y títeres para los numerosos niños que daban vida al barrio.

Cada 30 de abril, la misa de la Hermandad abría varios días de convivencia y celebración.

El chocolate popular, símbolo del barrio

En los años setenta comenzó a prepararse chocolate en el bloque número 5 como una sencilla reunión entre vecinos. Nadie imaginaba entonces que aquella costumbre acabaría convirtiéndose en uno de los símbolos más queridos de las fiestas.

Con el paso del tiempo, ese chocolate compartido resumía perfectamente lo que siempre fue Katanga: cercanía, hospitalidad y sentido de comunidad.

Tres nombres, una misma historia

Pocos barrios de Pinto han tenido nombres tan populares y tan cargados de significado. Primero fue el Prado, por los terrenos donde se asentó. Después llegaron las Casas Nuevas, símbolo del crecimiento y la modernidad de los años sesenta. Y finalmente Katanga, reflejo del carácter luchador y unido de sus vecinos.

Hoy los tres nombres forman parte de la memoria colectiva del municipio. Porque si algo definió siempre a este barrio no fueron solo sus calles o sus edificios, sino la gente que lo convirtió en hogar.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí