Fotografía tomada el 1 de mayo de 1989. Las pioneras del chocolate con porras en las fiestas del Prado: Elisa, Juana, Gloria, Carmen, Carmen, Ángeles y Loli

Con la llegada de mayo, el barrio del Prado vuelve a despertar con uno de esos aromas capaces de activar la memoria colectiva de varias generaciones: el del chocolate recién hecho acompañado de porras calientes. Es una de las estampas más queridas de las fiestas del barrio, una tradición mantenida durante décadas gracias al esfuerzo silencioso y constante de un grupo de vecinas que, año tras año, madrugan para que no falte este desayuno popular.

El nacimiento de un barrio humilde y unido

A finales de octubre de 1962 se entregaron a sus inquilinos las nuevas viviendas de renta limitada, junto a ocho locales comerciales, construidas por la Obra Sindical del Hogar en los terrenos de la antigua Dehesa Boyal del Prado. Aquellos solares habían sido vendidos por el Ayuntamiento de Pinto en 1943 con el objetivo de levantar viviendas bonificables.

Pronto aquel nuevo barrio, formado por familias humildes y trabajadoras, se convirtió en una auténtica gran familia. La convivencia estrecha, la ayuda mutua y el espíritu vecinal marcaron desde el principio la identidad del Prado.

La comunidad de San José Obrero

En los años sesenta nació la comunidad de San José Obrero, integrada por vecinos del barrio que se reunían para celebrar misa en los soportales de los cuatro bloques de viviendas, ya que entonces no existía un templo cercano al que acudir.

Con el paso del tiempo aquella comunidad se transformó en hermandad y comenzó a participar en las procesiones de Semana Santa junto al resto de hermandades del municipio. En 1971 el barrio ya contaba con su propia ermita, levantada gracias al esfuerzo y la colaboración de los propios vecinos.

Construcción de la ermita de San José Obrero del barrio del Prado por los vecinos. Año 1970-71.

Unas fiestas nacidas de la convivencia

A finales de los años sesenta comenzaron a celebrarse las fiestas del barrio del Prado. Eran festejos profundamente familiares y participativos, organizados en los soportales y pensados para el disfrute de todos.

No faltaban la orquesta, la elección de miss, las carreras de sacos, la piñata, los partidos de fútbol entre casados y casadas, los juegos infantiles o los títeres para los numerosos niños que llenaban entonces el barrio de vida.

Las fiestas daban comienzo cada 30 de abril con la misa de la Hermandad, abriendo varios días de convivencia y alegría vecinal.

El origen del chocolate popular

Fue en los años setenta cuando comenzó a prepararse el chocolate en el bloque número 5, inicialmente como una sencilla reunión entre vecinos. Nadie imaginaba entonces que aquel gesto cotidiano acabaría convirtiéndose en uno de los símbolos más queridos de las fiestas.

Entre las primeras chocolateras estuvieron Juanita la Frutera, Genara, Gloria, Loli Carpintero, Carmen Cruz, Petra, Sagrario, Elisa y Juana. Mujeres que, con trabajo desinteresado y cariño, asentaron una costumbre que ha llegado viva hasta nuestros días.

Desiderio, Petra, Carmen y Carmen Durán

Vecinos que hicieron crecer las fiestas

Entre los primeros organizadores destacó Carlos, marido de Loli, con la ayuda de Juanma. Más adelante tomó el relevo Pedro Jiménez, conocido cariñosamente como “el alcalde del Prado”, quien recaudaba fondos de las empresas mediante anuncios en el programa de fiestas, compraba el chocolate y coordinaba las actividades.

Después llegaría Martín, y posteriormente Loli, Mercedes e Hilaria, encargadas durante años de mantener viva tanto la organización festiva como el tradicional reparto del chocolate.

Carlos, Lola, Manolo, Ana, Hilaria, Petra, Carmen, Genara, Loli, Carmen, Mercedes, Martín y Desiderio

También colaboraron numerosos vecinos como Manolete, Antonio Alarcón, Jesús Herrera, Manolo López o Desiderio. Incluso acudían los feriantes de las fiestas de San Martín de la Vega, que al terminar sus celebraciones a finales de abril se instalaban en el Prado para animar aún más el ambiente.

Las chocolateras de hoy

En la actualidad, el grupo de chocolateras del Prado está compuesto por Dolores Carpintero, Hilaria Ruiz, Petra Escrich, Mercedes López, Carmen Cruz, Genara Sánchez, Carmen Durán, Dolores Durán y Ana María Martínez.

Su jornada comienza a las cinco y media de la mañana. A las seis en punto empieza la elaboración del chocolate y a las nueve se reparte entre vecinos y visitantes. Apenas media hora después, todo se ha terminado.

Cada día preparan más de 40 litros de chocolate y alrededor de 300 raciones durante viernes, sábado y domingo. Después, las brasas del fuego sirven para compartir una barbacoa entre ellas, poniendo el broche a una mañana de esfuerzo y compañerismo.

Una tradición única en Pinto

En los años setenta y ochenta también hubo fiestas en otros barrios del municipio, como La Indiana o La Cristina. Sin embargo, las del Prado son hoy las únicas fiestas de barrio que continúan celebrándose en Pinto, motivo por el que fueron declaradas por la Comunidad de Madrid fiestas de interés regional.

Más concurridas ahora que en sus comienzos, pero conservando intacta su esencia popular, las fiestas del Prado siguen recordando aquel tiempo en que un barrio entero se reunía como una sola familia.

Y si cada primavera continúan vivas, mucho se debe a esas mujeres madrugadoras que, mientras aún amanece, remueven el chocolate con la misma entrega de siempre. Porque en cada taza servida no solo hay cacao y calor: hay historia, barrio y corazón.

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