El 9 de septiembre de 1936, hace hoy 90 años, el médico titular de Pinto, Nicolás Ortega Jiménez, y su esposa, María Luisa Alastuey Santos, murieron en su domicilio en unas circunstancias dramáticas. Su muerte se produjo en uno de los momentos más convulsos de los primeros meses de la Guerra Civil, cuando la violencia se había extendido a las retaguardias y en Pinto se sucedían los asesinatos.

NICOLÁS ORTEGA, MÉDICO TITULAR DE PINTO

Nicolás Ortega Jiménez había nacido en Motril (Granada) en 1893, en el seno de una familia vinculada a la Medicina. Su padre, Nicolás Ortega de las Cajigas, también era médico, y su madre era Marina Jiménez Ruiz de Morales. Después de cursar sus estudios, Nicolás siguió los pasos familiares y comenzó a ejercer profesionalmente en Andalucía. En 1923 contrajo matrimonio con María Luisa Alastuey Santos y, pocos años después, ambos se instalaron en Pinto.

Extracto de «La Acción» 30 de julio de 1923

En julio de 1926, Nicolás Ortega ya aparece ejerciendo como médico titular de la localidad. Durante aproximadamente una década desarrolló allí su actividad profesional y pasó a formar parte de la vida cotidiana del municipio. Su profesión le hacía ser una persona conocida entre los vecinos y su residencia se encontraba en una vivienda de la calle de las Monjas, donde vivía junto a su esposa.

Documento con las firmas, en la parte superior derecha, del médico Nicolás Ortega Jiménez, del juez local Juan Laborde Félix, del médico Ramón Fernández González y del secretario, D. Rafael García Postigo.

La casa era de alquiler y pertenecía entonces a Francisca Beraza Zabala, viuda de Edmundo Méric, propietario de la fábrica de chocolates de La Compañía Colonial en Pinto. Tras el fallecimiento de Méric, en 1910, Francisca Beraza mantuvo la propiedad de la vivienda familiar hasta junio de 1944, cuando el inmueble fue puesto a la venta y adquirido por Fausto Antonio Moya Gómez. La historia de la propiedad permite situar el escenario en el Pinto de aquellos años, aunque lo que sucedió en septiembre de 1936 convertiría aquella vivienda en el lugar de una tragedia mucho más relacionada con la convulsa situación que atravesaba el municipio.

EL VERANO EN QUE TODO CAMBIÓ

Cuando estalló la Guerra Civil en julio de 1936, la vida en Pinto, como en tantos municipios españoles, quedó alterada por completo. La sublevación militar había desembocado en una guerra abierta y, mientras los combates se extendían por diferentes puntos del país, la violencia alcanzaba también a las retaguardias. Las detenciones, las persecuciones y los asesinatos por motivos políticos se multiplicaron tanto en la zona republicana como en la controlada por los sublevados, en un escenario en el que las autoridades habían perdido en muchos lugares parte de su capacidad de control.

Durante aquellas primeras semanas, además, el desarrollo militar de la guerra contribuyó a aumentar la tensión. Las tropas de África dirigidas por Juan Yagüe avanzaban desde Andalucía hacia Madrid atravesando Extremadura y, el 14 de agosto, tomaron Badajoz. La ocupación de la ciudad estuvo seguida de una durísima represión contra militares y civiles vinculados a la República, en una matanza cuya magnitud la convirtió en uno de los episodios más conocidos y debatidos de la violencia de aquel verano. Apenas unas semanas después, el 3 de septiembre, las tropas sublevadas tomaban Talavera de la Reina y continuaban su avance hacia Madrid.

Cadávedes calcinados en el cementerio de Badajoz tras las represalias de la Columna de la Muerte

Los acontecimientos de Badajoz no fueron la causa directa de lo que sucedió en Pinto, pero permiten comprender el clima en el que se desarrollaron aquellos días. España se encontraba inmersa en una escalada de violencia y, en las localidades situadas en la retaguardia, crecía el temor ante la proximidad del enemigo, mientras se perseguía a quienes eran considerados simpatizantes del otro bando. El 9 de septiembre, cuando murió Nicolás Ortega, la guerra se estaba acercando progresivamente a Madrid y Pinto vivía bajo esa misma sensación de incertidumbre.

PINTO, SEPTIEMBRE DE 1936

La situación política también había alcanzado directamente al médico titular. El 11 de agosto, Nicolás Ortega fue cesado de su puesto junto a otros funcionarios municipales considerados desafectos. Su sustituto sería José Carrasco, mientras la localidad continuaba inmersa en una situación cada vez más complicada.

Los primeros días de septiembre fueron especialmente trágicos. El 7 de septiembre fueron asesinadas cuatro mujeres: las hermanas María y Pilar Gallego Granados y las trabajadoras de la Compañía Colonial María García Busquet y Valentina Pascual. Al día siguiente, 8 de septiembre, murieron otros siete vecinos: Isabel Solo de Zaldivar, Eugenio Loarte Lebrón, Manuel Loarte Lebrón, Tomás Caraballo Jordán, Mariano Baquero Pérez, Luis de Galdo Lebrón y Francisco Infante Batres.

En apenas dos jornadas, once vecinos habían sido asesinados. En ese ambiente de miedo y violencia llegó el miércoles 9 de septiembre de 1936, la fecha en la que la tragedia alcanzaría al matrimonio formado por Nicolás Ortega y María Luisa Alastuey.

LA NOCHE DEL 9 DE SEPTIEMBRE

Lo ocurrido aquella noche no ha llegado hasta nosotros a través de una única fuente contemporánea que permita reconstruir todos los detalles con absoluta certeza. La historia se ha conservado fundamentalmente mediante memorias y testimonios familiares transmitidos posteriormente, que permiten conocer cómo fue recordado aquel episodio por quienes estuvieron relacionados con él.

Uno de los relatos fue recogido por Carmen Gippini Gurumeta en sus memorias. Según su testimonio, Nicolás Ortega habría tenido conocimiento de que podían acudir a buscarle para darle «el paseo», expresión que durante la Guerra Civil se utilizaba para referirse a determinados asesinatos. Pero, según este mismo relato, la amenaza no se dirigía únicamente contra él: también existía el temor de que su esposa pudiera sufrir las consecuencias.

De acuerdo con esta versión, Ortega tomó entonces una decisión desesperada. María Luisa se encontraba dormida cuando el médico le disparó y, posteriormente, se disparó a sí mismo. La escena sería descubierta poco después por Sofía Sánchez, una joven que trabajaba en la vivienda y que, según el testimonio transmitido posteriormente por su familia, se encontraba limpiando en la parte inferior de la casa cuando escuchó los disparos.

Sofía subió al dormitorio y encontró allí al matrimonio. Nicolás Ortega todavía estaba con vida, aunque moriría poco después. María Luisa ya había fallecido. Así terminó, en la noche del 9 de septiembre de 1936, la vida de un matrimonio que llevaba años formando parte de la sociedad pinteña.

UNA TRAGEDIA EN MEDIO DE LA VIOLENCIA

La muerte de Nicolás Ortega y María Luisa Alastuey no puede separarse de lo que estaba ocurriendo en Pinto durante aquellos días, aunque tampoco resulta posible atribuirla de manera automática a una única causa o a una orden concreta. Los testimonios conservados apuntan a un ambiente de amenazas y miedo, mientras la documentación sobre aquellos primeros días de septiembre muestra que el municipio estaba atravesando una intensa ola de violencia política.

El episodio tuvo además lugar en un momento especialmente delicado de la guerra. Las tropas sublevadas continuaban avanzando hacia Madrid y la situación en la retaguardia republicana estaba marcada por el temor a la infiltración de simpatizantes de los sublevados. Al mismo tiempo, las represalias y los enfrentamientos políticos habían alcanzado a personas que hasta pocas semanas antes llevaban una vida completamente normal.

Para comprender lo sucedido aquella noche, por tanto, es necesario mirar tanto a la historia particular de Nicolás y María Luisa como al escenario en el que se encontraban. La Guerra Civil no solo se libraba en los frentes: sus consecuencias habían penetrado en los municipios, en las instituciones y en las propias relaciones entre vecinos.

LOS ASESINATOS NO TERMINARON

La muerte del matrimonio no puso fin a aquella sucesión de asesinatos en Pinto. El 21 de septiembre, apenas doce días después, fue asesinado Adrián Pérez Escribano, propietario y concejal de Acción Popular, en otro episodio de la violencia política que había golpeado al municipio durante aquel verano.

Aquellos meses dejaron una relación de víctimas que posteriormente sería difícil de reconstruir en toda su dimensión. Detrás de cada nombre había una familia y una historia particular, y en el caso de Nicolás Ortega y María Luisa Alastuey también una trayectoria previa en Pinto que había quedado completamente interrumpida por la guerra.

NOVENTA AÑOS DESPUÉS

Hoy, 9 de septiembre de 2026, se cumplen 90 años de la muerte de Nicolás Ortega Jiménez y María Luisa Alastuey Santos. En el cementerio de Pinto permanece la lápida que recuerda al matrimonio, con la inscripción que su familia dejó tras su fallecimiento:

«NICOLÁS ORTEGA JIMÉNEZ Y SU ESPOSA Mª LUISA ALASTUEY SANTOS. FALLECIERON EL 9 DE SEPTIEMBRE DE 1936 VÍCTIMAS DEL MARXISMO. VUESTRA MADRE, HERMANOS Y TÍAS PIDEN UNA ORACIÓN POR VUESTRA ALMA. ¡JESÚS, MISERICORDIA!»

La inscripción refleja la forma en que sus familiares interpretaron y recordaron la tragedia en el contexto político y religioso de la época. Noventa años después, aquella lápida conserva, sobre todo, los nombres de dos personas cuya vida quedó marcada por uno de los episodios más convulsos de la historia de Pinto.

Nicolás Ortega Jiménez y María Luisa Alastuey Santos murieron el 9 de septiembre de 1936. Esta es la historia de aquel matrimonio y de los días de violencia que rodearon su muerte.

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