
La figura de Pedro Faura y Moreu continúa ofreciendo nuevas claves para comprender el origen del Asilo de San Pedro de Pinto. Gracias a su certificado literal de defunción, conocemos las circunstancias exactas de su fallecimiento y la aparición de un nuevo documento notarial permite seguir el rastro de la institución que quiso legar a los vecinos de Pinto y conocer cómo se organizó su administración apenas unos años después de su muerte.
El fallecimiento de Pedro Faura
Don Pedro Faura falleció en Madrid el 11 de marzo de 1894, al anochecer, a los 65 años de edad. Natural de Segovia y procurador de los Tribunales, el certificado de defunción señala que murió a consecuencia de una tuberculosis pulmonar infecciosa en su domicilio de la calle del Arco de Santa María y que recibió sepultura en el cementerio de la Sacramental de San Justo. Aquel documento oficial permite reconstruir sus últimos momentos y pone fin a la biografía del hombre, pero no a la historia de su obra.

Porque nueve años después de haber otorgado su testamento, en 1885, donde dejó establecidas las bases para crear el Asilo de San Pedro de Pinto, y varios años después de su fallecimiento, la institución seguía desarrollándose y consolidando su funcionamiento. El mejor ejemplo de ello es una escritura notarial de poder autorizada en Madrid el 23 de octubre de 1903, mediante la cual el Patronato del Asilo otorgó amplias facultades de representación a don Manuel López Grandizo para administrar los asuntos de la fundación.
Lejos de tratarse de un simple trámite administrativo, esta escritura constituye una extraordinaria fuente para conocer cómo quedó organizada la institución benéfica concebida por Pedro Faura y quiénes eran las personas encargadas de velar por el cumplimiento de su voluntad.
El Patronato que imaginó Pedro Faura
Uno de los aspectos más interesantes del documento es que recuerda expresamente el origen del Patronato. Los comparecientes manifiestan actuar como patronos del Asilo de San Pedro, fundado por Pedro Faura y Moreu, y hacen referencia a la escritura otorgada el 27 de marzo de 1897, mediante la cual la albacea testamentaria Manuela Pardo Fernández hizo entrega oficial de la fundación al Patronato.

La portada del número 4 de La Voz de la Verdad, publicado en Pinto el 29 de junio de 1897, está dedicada a la solemne inauguración del Asilo de San Pedro, destinado a «ancianos pobres hijos de Pinto» y fundado por don Pedro Faura. El periódico presenta la apertura de la institución como una manifestación de caridad y como una obra destinada a atender a los más necesitados de la localidad, poniendo de relieve la importancia social y cristiana de la iniciativa.
Además, incluye un escrito titulado «La caridad», firmado por el sacerdote del pueblo, don Francisco Villarino, en el que ensalza la virtud de la caridad cristiana y recuerda la tradición de quienes, a lo largo de los siglos, dedicaron sus bienes y esfuerzos al auxilio de pobres, enfermos y ancianos. Villarino sitúa el nuevo Asilo de San Pedro dentro de esa tradición y expresa su reconocimiento hacia quienes han hecho posible la institución y hacia la memoria de su fundador, don Pedro Faura.
Ese detalle permite reconstruir con claridad la secuencia histórica: Pedro Faura falleció en 1894, la fundación quedó formalmente entregada tres años después, inaugurándose el Asilo de San Pedro en junio de 1897 y, en 1903, el Patronato ya ejercía plenamente sus funciones de gobierno.
La escritura incorpora además, de forma literal, la Base Segunda de las normas fundacionales, en la que el propio Faura había establecido quiénes debían formar parte del Patronato. No serían personas designadas libremente, sino tres cargos representativos de la localidad: el alcalde de Pinto, el juez municipal y el primer contribuyente del municipio. En ausencia de cualquiera de ellos, serían sustituidos respectivamente por el primer teniente de alcalde, el juez suplente y el segundo contribuyente de la villa. Asimismo, todas las decisiones importantes debían adoptarse por mayoría.
Esta disposición refleja la voluntad del fundador de garantizar una administración estable y objetiva, vinculando el gobierno del asilo a las principales autoridades civiles y económicas del municipio.
Los hombres que dirigían el Asilo en 1903
La escritura permite conocer también quiénes ocupaban esos cargos en aquel momento.
Comparecieron ante el notario Emilio Zubiria Guallart, alcalde de Pinto; Estanislao Pérez Díaz-Cuerva, juez municipal; y Edmundo Méric Méric, industrial, y primer contribuyente de la localidad. Los tres actuaban en calidad de patronos del Asilo de San Pedro.

Especial interés tiene la presencia de Edmundo Méric, dueño de la célebre Compañía Colonial, cuya fábrica estaba ubicada en Pinto. Su participación demuestra la estrecha vinculación de esta influyente familia con una de las principales instituciones benéficas del municipio.
Un administrador para gestionar el patrimonio
El objetivo de la escritura era conceder un poder muy amplio a favor de Manuel López Grandizo, vecino de Madrid, para que pudiera actuar en representación del Patronato sin necesidad de reunir continuamente a sus miembros.
Las facultades otorgadas eran extraordinariamente extensas. Podía administrar todos los bienes presentes y futuros del Asilo, conservarlos y mejorarlos, arrendarlos, fijar rentas, cobrar alquileres y créditos, otorgar recibos, aprobar cuentas, formalizar escrituras públicas y documentos privados, así como representar judicialmente al Patronato en cualquier clase de procedimiento. Incluso estaba autorizado para promover demandas, intervenir en embargos, participar en subastas, recurrir resoluciones judiciales y nombrar procuradores cuando fuera necesario.
Todo ello convierte a Manuel López Grandizo en la figura encargada de la gestión cotidiana de la fundación, mientras que el Patronato conservaba las funciones de dirección y supervisión.
Una institución plenamente consolidada
Aunque el documento no detalla cuáles eran los inmuebles o bienes concretos que integraban el patrimonio del Asilo, sí demuestra que la fundación disponía ya de un patrimonio suficientemente importante como para requerir una administración profesional y una representación jurídica permanente.
Más allá de su contenido jurídico, esta escritura constituye un valioso testimonio del funcionamiento interno del Asilo de San Pedro apenas una década después del fallecimiento de su fundador. Gracias a ella sabemos quiénes administraban la institución, cómo se tomaban las decisiones y de qué manera se garantizaba la conservación del patrimonio destinado a cumplir la voluntad de Pedro Faura.
Si el certificado de defunción nos permitió acercarnos al final de la vida del hombre, esta escritura demuestra que la obra benéfica que concibió en su testamento seguía plenamente viva, organizada y protegida por un Patronato que continuaba desarrollando la misión para la que había sido creada: poner sus bienes al servicio de los más necesitados de Pinto.
La historia del legado de Pedro Faura continúa. En el próximo artículo de Pinto y su historia hablaremos de los bienes que dejó destinados a la fundación del Asilo de San Pedro y de lo que ocurrió con ellos en los años posteriores a su fallecimiento.
Una nueva pieza para seguir descubriendo la historia de esta institución y de la voluntad de su fundador.
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