Hace unos días echó el cierre el hospital de IFEMA, uno de los iconos de la lucha contra el COVID-19. Un lugar donde han pasado miles de pacientes, voluntarios y personal sanitario. Entre ellos se encuentra Alberto López Rocha, un médico pinteño que ha estado al pie del cañón desde su apertura. Uno de esos héroes sin capa que están velando por la salud de miles de personas en nuestro país.

Desde la isla de La Palma al municipio de Pinto para seguir creciendo personal y profesionalmente.

Este pinteño de adopción, nacido en La Palma (Tenerife), que en unos días cumplirá 60 años, se licenció en medicina en la Universidad de La Laguna, posteriormente se doctoró en la Universidad Complutense y ha sido vocal durante ocho años en la junta directiva del Colegio Oficial de Médicos de Madrid. Asimismo, durante ese periodo también fue presidente de la Sociedad Española de Médicos de Residencias Geriátricas (SEMER), entre otros cargos.  

Sus primeros recuerdos en Pinto se remontan a 1987, cuando aterrizó en el servicio de urgencias que se ubicaba en la calle Emilio Zubiría. “Llegué a Pinto en 1994. Me instalé en la zona del parque Juan Carlos I, aunque lo conocí en el 87 por trabajo, cuando el servicio de urgencias estaba en la calle Emilio Zubiría y nuestro turno fue el que inauguró el actual servicio de urgencias. Desde entonces, Pinto me dejó su huella y me hizo volver 7 años después para residir junto a mi familia”, rememora con ePinto López Rocha.

Reconoce que Pinto es parte de su vida y que es un municipio que le cautivó desde que lo pisó, hace más de 35 años: “Vivir en el centro de la península ibérica ha hecho de mí una persona que siente Pinto como ‘su pueblo’, aunque ya sea una ciudad. Por donde voy me autonombro cariñosamente embajador de la localidad, con permiso del consistorio no lo vaya a tomar a mal, por cómo hablo de Pinto. Siempre converso sobre nuestra fábrica de chocolate, explico que somos el centro de la península ibérica, recomiendo nuestras fiestas de verano y explico detalles sobre la Torre de Éboli y su historia…en definitiva, me considero, con el permiso de los nacidos en esta bonita villa, un pinteño de adopción”.

Una vida profesional ligada al servicio de urgencias médica SUMMA 112.

El médico López Rocha en su día a día como miembro del SUMMA112.

El médico pinteño ejerce su profesión desde hace 30 años en el servicio de urgencias de atención primaria de Aranjuez, unidad que pertenece al servicio de urgencias de atención primaria (SUAP), perteneciente al SUMMA112. Además, compatibiliza su labor en el SUAP colaborando en programas de educación para la salud organizadas por entidades públicas y asociaciones.

Mi actividad profesional no se circunscribe únicamente al ámbito local, ni comarcal. Por necesidades sanitarias pueden destinarnos a otros servicios o unidades tal y como ha ocurrido con el COVID-19 o con anterioridad en la alerta sanitaria provocada por la Gripe A”, explica con más detalle López Rocha a ePinto.

El inicio incierto de la pandemia del coronavirus.

El doctor López Rocha reconoce que los primeros días de la pandemia fueron un auténtico aluvión de paciente y los datos no eran muy claros. La ingente información era inasumible por los facultativos, que además tenían que luchar con la oleada de fake news que inundaban los medios. “Cuando comenzaron a saltar los datos incontrolados de la enfermedad, a través de la saturación en los hospitales, la población comenzó a tomar conciencia de lo que se nos avecinaba. Acudían a nuestra unidad un 80% más de pacientes de lo habitual por referir síntomas compatibles con el coronavirus”, relata el medico que presta servicio en el municipio ribereño.

Recuerdo especialmente, los casos de los pacientes autónomos, que trabajaban de cara al público y que presentaban un cuadro compatible con COVID-19 y cuando les comunicabas que la primera medida era el confinamiento en su casa, las lágrimas se veían en sus rostros. Eso era terrible. Aunque puedo decir que el 98% de las personas atendidas en mi caso, han sido comprensivas y colaboradoras, mostrando paciencia con la colocación de medidas preventivas anticontagio. En las salas de espera, se mostraban muy comprensivas, en mantener las distancias y colocar las mascarillas a aquellas personas con tos y todos colaboran en la desinfección de las manos nada más entrar en nuestra unidad y antes de entrar a las consultas”, recuerda López Rocha.

Diario de una pandemia en el pabellón 5 de IFEMA

López Rocha en uno de sus servicios en el pabellón 5 del hospital de IFEMA

Con motivo de la situación generada por el estado de alerta sanitaria provocada por el alto número de contagios por coronavirus, las unidades de atención primaria (SUAP) se cerraron dejando solamente las unidades de asistencia domiciliaria (UAD) y asumiendo la atención primaria (AP) las urgencias presenciales de 8:00 a 21:00 de lunes a domingo y los fines de semana. Esta restructuración hizo que los medios de atención primarias y de urgencias extrahospitalarias, así como diferente personal sanitario de la red de centros asistenciales y hospitales de la Comunidad de Madrid fueran derivados al IFEMA como ocurrió con el médico pinteño Alberto López Rocha, que fue destinado al pabellón 5 de IFEMA para cubrir las noches.

La primera noche al llegar a IFEMA, se palpaba un silencio que las miradas de los pacientes y los profesionales que ya estaban allí lo decían todo. Los compañeros que habían llegado antes, nos orientaban en cuál era nuestra misión y por donde se entraba, para colocar los equipos de protección (EPIs), que nos ayudaban a colocar los compañeros de SAMUR. Entre los complementos nos colocaban 5 guantes, uno encima de otro y enumerados y bien sujetos, como medida protectora de las manos, al mismo tiempo nos daban instrucciones protectoras, pues es una metódica que no se puede perder el hilo de cómo realizarla y la más importante: no tener prisas cuando se retiren las medidas protectoras”, rememora López Rocha.

Los comienzos fueron duros en lo físico y en lo mental. El respeto al virus era una de las máximas de todo el personal sanitario que trabajaba codo con codo en las instalaciones del IFEMA. La seguridad era lo fundamental y evitar cualquier riesgo de contagio era uno de los principios fundamentales. El médico pinteño relata lo vivido durante los días que ha estado prestado servicio allí: “Al ser el inicio en funcionamiento del pabellón 5, sobre la marcha se estaba organizando el botiquín y atendiendo las incidencias. En una de ellas, me tuve que poner el fonendoscopio y para ello, tuve que pedir ayuda para poder encajarlo bien en los oídos, sin manipular mascarilla, pantalla y gafas protectoras y luego retirar sin contaminarte, era un auténtico trabajo en equipo que, sin conocernos, lo hacíamos de forma instintiva, sintiéndonos entre nosotros, bien arropados y protegidos. Entre el EPI y los focos incandescentes de iluminación, sentías como te corrían las gotas de sudor por la espalda y te bajaban por la frente, pero el alivio te venía al pensar que la persona que estaba en la cama te necesitaba, porque estaba enfermo y eso te mantenía en pie, hasta que te hacían el relevo cada 140 minutos, que salías a reponer fuerzas y sobre todo líquidos”.

Una pandemia que marcará el futuro

López Rocha en uno de sus servicios a domicilio como miembro del SUMMA112

Durante la charla realizada por correo electrónico, López Rocha reconoce que estas situaciones cambian a las personas porque las experiencias son un rasgo significativo de nuestro aprendizaje: “En mi caso he pasado a lo largo de mi vida tanto personal como profesional una serie de vicisitudes y epidemias: las últimas sacudidas de la viruela, sarampión, parotiditis (paperas), rubeola, meningitis, gripe común devastadora, gripe A, la amenaza del ébola y ahora ésta. Pero es cierto que en mi entorno, si he percibido que en más del 55%, sí que marcará un antes y un después y espero que para bien. En la vida, en no pocas ocasiones, se da importancia a cosas o situaciones que no la tienen y lo que realmente es importante, no se le da. La convivencia, el compartir, el civismo, la solidaridad, apreciar las cosas que se tienen... serán algunas de las acciones que seguro llevarán a la reflexión a más de uno”.

Afirma que habrá un “miedo inicial”, quizás desconfianza entre las personas pero que poco a poco y con el paso del tiempo, la normalidad debe prevalecer sobre cualquier circunstancia: “Estará con un miedo inicial, desconfiará de las personas que están a su alrededor, continuarán con exceso de celo de las recomendaciones para evitar contagios, pudiendo llegar incluso en algún caso, a la agresión, por ver como otras personas no respetan las normas. Por este motivo es fundamental que la población debe estar bien informada poniendo las instituciones responsables (Sanidad, Educación, Trabajo) los medios necesarios para que se sienta segura y de esa forma poder seguir, con toda tranquilidad, todas las recomendaciones para poder volver a la vida habitual. Por supuesto, sin olvidarse, de las normas de higiene básicas que debe mantener una persona y que en mi época nos enseñaban nuestros padres y en su ausencia nuestros abuelos y maestros”.

¿Y el futuro?

Sobre si hemos o no derrotado al coronavirus viendo el desconfinamiento progresivo que se está llevando a cabo desde hace pocas fechas, el doctor López Rocha tiene claro que lo esencial es encontrar una vacuna: “Cuando se descubra la vacuna y se tenga un tratamiento eficaz al 98 o 99% contra el COVID-19 es entonces, cuando se puede decir que todo volvería a controlarse, no ganarse, pues seguirá ahí, pero controlado. Por cierto, espero que a la vacuna le pongan el nombre del médico chino Li Wenliang quien descubrió el COVID-19, advirtió de su peligrosidad y fue víctima mortal del mismo”.

No se olvidó de poner en valor el gran trabajo realizado por todos los sanitarios de este país: “Cuando de una vez por todas, se asuma en nuestro país que la sanidad no tiene color de bandera política y no quiero decir que no hayan políticos en ella, todo lo contrario, es bueno, pero el poder decisorio en lo que en materia de salud se refiere, compete a los profesionales expertos en la materia y en épocas de epidemia, deben intervenir los mejores, respetando sus opiniones, consejos, dotándoles de medios para que puedan prevenir y actuar precozmente

Una experiencia profesional muy personal

Personal sanitario en el pabellón 5 del hospital de IFEMA Foto: El País.

Para López Rocha hablar de esta situación es hablar de oportunidades, de una satisfacción personal por el trabajo bien hecho: “La satisfacción de haber ayudado a familiares y amigos, para solventar sus dudas, sobre lo que está pasando, el cómo actuar. Son situaciones donde realmente puedes ver quién es tu compañero/a y amigo/a de viaje y por supuesto, reafirmas, el vivir, aún más, la vida con alegría y seguir alegrando la de los demás, pues eso da vida a los años, es decir, como diría el dicho: Hacienda me lo puede quitar todo, con subida de impuestos, pero la alegría nunca.

Tampoco quiso pasar por alto el gran trabajo de todos y cada uno del personal de diferentes sectores o instituciones que han contribuido con su trabajo a luchar contra el coronavirus: “Yo soy un grano sanitario en el desierto donde el resto de los granos los constituyen todos los compañeros/as que han estado y siguen estando al pie de los pacientes. En Pinto, hay mucho/as que puede que pasen desapercibidos/as y quizás, estén en este momento detrás de ti, en la cola de la compra o en la de la farmacia. Nunca debe olvidar la ciudadanía, el enorme esfuerzo de todos/as los/as sanitarios/as, dando alguno, su propia vida y como otras personas que también sucumbieron a este bicho, han dejado familias e ilusiones en todos/as y ellos/as”.

“Que no se olviden esas imágenes de compañeros/as con EPIs improvisados y complementos añadidos de forma artesana, el cansancio en los rostros… Ha sido el trabajo en equipo de todos los profesionales sanitarios, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado (Policía Local, Policía Nacional, Guardia Civil, Ejército, UME), Bomberos, el 112 de toda España y, por supuesto, el comportamiento de toda la ciudadanía, los responsables del control de esta pandemia”, finalizó el medico pinteño López Rocha.

COVID-19, el acrónimo que nos debe hacer valorar todo lo que tenemos cada día de nuestra vida

Que el personal sanitario español sea reconocido a nivel mundial no es un hecho baladí. En España la formación sanitaria es de las mejores de mundo, si a este dato le sumamos el valor humano y la vocación de nuestros sanitarios hace que el resultado sea un personal cinco estrella. Eso se pudo comprobar en las instalaciones de IFEMA y en todos los centros asistenciales y hospitales de están repartidos por toda la geografía nacional.

El compañerismo y la humidad ha sido un punto de unión en la experiencia de López Rocha, uno de los miles sanitarios que han luchado contra el COVID-19 convirtiéndose en verdaderos héroes. Una unión que ha dado paso a una gran familia. Una familia para los buenos y malos momentos que se han vivido durante las últimas semanas en cada rincón de este país y del mundo entero.

Miedo y respecto hubo, hay y habrá, pero entre todos debemos seguir batiéndonos el cobre para combatir a una de las amenazas que más personas se ha llevado antes de tiempo en la edad moderna. Una experiencia que debe hacernos recapacitar, reflexionar y valorar todas aquellas cosas, que hacen de la vida un lugar maravilloso. Un lugar que debemos respetar y cuidar, sin olvidarnos de compartir momentos de calidad con nuestros seres queridos y amigos.

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