Pedro Faura dejó perfectamente diseñado en 1885 cómo debía utilizarse su patrimonio para crear un asilo destinado a los hombres ancianos pobres de Pinto.

En junio de 1885, Pedro Faura y Moreu tenía 49 años cuando acudió al notario Juan Zozaya y Pantiga para otorgar su segundo y último testamento. Era propietario y procurador de los Tribunales y, aunque todavía le quedaban casi nueve años de vida, ya había decidido qué quería que ocurriera con su patrimonio cuando él faltase.

El documento demuestra que la creación del futuro Asilo de San Pedro no fue una decisión improvisada al final de su vida. Faura había pensado cuidadosamente cómo organizar su fortuna y, sobre todo, cómo conseguir que continuara sirviendo a los hombres ancianos pobres de Pinto después de su muerte.

Eulalia, la heredera

Pedro Faura no tenía descendientes ni otros herederos forzosos, por lo que nombró única y universal heredera a su hermana Eulalia Faura y Moreu. Ella podría disfrutar durante toda su vida de las rentas de las casas, así como del dinero, valores, créditos y demás bienes de su hermano.

Pero Faura estableció una condición fundamental para proteger el futuro de su proyecto:

las fincas no podrían venderse, gravarse ni hipotecarse.

De esta manera, Eulalia podía disfrutar de los rendimientos de las propiedades, pero estas quedaban reservadas para el destino que su hermano había decidido. Tras su fallecimiento, debían aplicarse a la creación del futuro Asilo de San Pedro.

Faura estaba protegiendo el futuro del asilo antes incluso de que existiera.

Doce ancianos pobres

El objetivo estaba perfectamente definido. Una vez fallecida su hermana, debía constituirse un establecimiento para doce hombres pobres mayores de sesenta años, pudiendo aumentar ese número si los recursos disponibles lo permitían.

Y también dejó escrito el nombre que debía llevar:

«Asilo de San Pedro».

Inicio de la página del testamento de Pedro Faura donde se habla de la constitución del asilo de San Pedro en Pinto

No imaginaba una institución lujosa. Su filosofía era mucho más sencilla y quedó resumida en una frase especialmente reveladora:

«esta clase de establecimientos no necesitan lujo sino por el contrario modestia, decencia y buena administración».

Para Pedro Faura, lo importante no era la apariencia del establecimiento, sino que los recursos se administraran correctamente y permitieran atender dignamente a quienes iban a vivir allí.

Una fortuna para mantener el asilo

El proyecto tampoco debía depender de limosnas ocasionales. Faura quiso dotarlo de un patrimonio capaz de generar sus propios recursos.

El testamento establece que, tras el fallecimiento de Eulalia, las propiedades debían destinarse a la instalación y sostenimiento del asilo. Incluso contemplaba que pudieran venderse llegado ese momento y que con el dinero obtenido se constituyera un capital cuyos intereses se emplearan exclusivamente en los gastos del establecimiento.

Además, encargó a los responsables de la fundación que vigilaran cuidadosamente sus intereses y procurasen aumentar sus rendimientos para garantizar que aquella obra benéfica no desapareciera.

Entre los bienes que posteriormente formarían parte del patrimonio del Asilo de San Pedro se encontraban varias propiedades de Madrid y Vallecas, entre ellas las casas de las calles Jesús y María y Cabestreros, una vivienda en la calle Real de Arganda y la mitad indivisa de un solar en la calle de la Montera.

Décadas después, entre 1918 y 1920, varias de estas propiedades serían subastadas extrajudicialmente para continuar sosteniendo económicamente la institución.

Pinto, como destino

Pero había una decisión especialmente significativa: Pedro Faura quiso que el asilo estuviera en Pinto.

Ordenó expresamente que se instalara en la casa de su propiedad situada en la calle de Valdemoro, el inmueble que había adquirido años atrás. Consideraba que reunía las condiciones necesarias de extensión, ventilación y salubridad para acoger a los futuros asilados y valoraba también las condiciones sanitarias del municipio.

Asilo de San Pedro en una fotografía tomada en 1936

Aquella casa, que probablemente había servido durante años para sus estancias en Pinto, estaba destinada a tener una nueva vida: convertirse en el hogar de hombres que habían llegado a la vejez sin recursos suficientes para mantenerse.

Ni pleitos ni gastos innecesarios

Hay otro aspecto especialmente llamativo en el testamento. Pedro Faura quería evitar que los conflictos legales pudieran consumir el patrimonio destinado a los pobres.

Por ello ordenó que cualquier cuestión relacionada con la fundación se resolviera extrajudicialmente y sin gastos. Su razonamiento era claro: si los bienes se deterioraban por pleitos y gastos innecesarios, tanto su hermana como los futuros residentes del asilo perderían recursos indispensables para su sostenimiento.

También pidió a quienes se encargaran de la institución que ejercieran una vigilancia especialmente cuidadosa sobre sus intereses para evitar que aquella obra desapareciera y, en la medida de lo posible, aumentar sus rendimientos.

Mucho más que una herencia

El testamento de Pedro Faura es, en realidad, el proyecto jurídico y económico del futuro Asilo de San Pedro.

No se limitó a decidir quién recibiría sus bienes. Estableció quién podría disfrutarlos, qué propiedades debían conservarse, quiénes serían los beneficiarios, cuántos ancianos podrían ser acogidos, dónde debía instalarse el establecimiento, cómo debía financiarse y cómo debía protegerse su patrimonio.

Todo estaba pensado para que la obra sobreviviera a su fundador.

Pedro Faura fallecería en 1894, nueve años después de redactar y firmar este documento. Pero cuando llegó su muerte, el camino estaba trazado.

Su fortuna tenía un destino. Sus propiedades, una finalidad. Y Pinto, el lugar donde debía hacerse realidad.

Firmas del testamento de Pedro Faura Moreu

Pero ¿cómo era aquella casa de la calle de Valdemoro? ¿Cómo se transformó en un asilo? ¿Qué dependencias tenía y cómo estaba organizada para acoger a sus residentes?

Eso es lo que descubriremos en el próximo capítulo de Pinto y su historia.

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