
La historia de los pueblos también se construye con pequeños grandes pasos. Gestos que, en su momento, pueden parecer discretos, pero que con el paso del tiempo adquieren un profundo significado. En Pinto, uno de esos pasos lo dio una mujer que abrió camino en un ámbito que hasta entonces había sido exclusivamente masculino. Su nombre es Antonia Estepa Vela, aunque todos la conocen cariñosamente como Toñy, y fue la primera mujer en formar parte de la Policía Local de Pinto.
Toñy nació el 1 de mayo de 1970 en Bilbao, donde su padre, Francisco, guardia civil, se encontraba destinado. Era la mediana de los tres hijos del matrimonio formado por Francisco y Trini. La profesión de su padre marcaría en parte su vocación. En 1973 la familia se trasladó a Madrid y, años después, en 1981, fijaron su residencia en Valdemoro.
Desde joven sintió una fuerte inclinación hacia el servicio público. Dudaba entre dos caminos: la enfermería o las fuerzas de seguridad. Finalmente se formó como Auxiliar de Enfermería, y pronto comenzó a trabajar en una clínica. Fue allí donde conoció a Miguel, quien más tarde se convertiría en su marido. Miguel era guardia civil y natural de Pinto, y desde entonces la vida de Toñy quedó, como dice el popular dicho, entre Pinto y Valdemoro.
El destino quiso que un amigo de Miguel, policía local en Pinto, le comentara que iban a convocarse tres plazas para la Policía Local del municipio. Toñy tenía entonces 22 años y decidió intentarlo. Se preparó por su cuenta con enorme disciplina: por las mañanas estudiaba y entrenaba en el gimnasio, y por las tardes continuaba trabajando en la clínica. Además, obtuvo el permiso para conducir ambulancias y vehículos policiales, requisito necesario para presentarse a la oposición.
Las pruebas se celebraron el 13 de diciembre de 1993. Tras meses de esfuerzo y sacrificio, llegó la recompensa: había conseguido su plaza.


Su primer servicio en Pinto tuvo lugar poco después, durante las elecciones europeas de 1994, cuando aún estaba en la Academia. Ante la falta de personal, los nuevos agentes fueron llamados para cubrir el servicio. Aquella mañana, Toñy recorrió las calles del municipio junto a su compañero Antonio Castañeda. El objetivo era sencillo pero simbólico: dar visibilidad a la primera mujer policía de Pinto.
Y la reacción de los vecinos no se hizo esperar.
Muchos coches reducían la velocidad o se detenían para observar. Aquella imagen resultaba insólita. Una mujer policía patrullando las calles de Pinto era algo completamente nuevo. La curiosidad y la sorpresa se mezclaban con la admiración.
En agosto de 1994, con tan solo 23 años, Toñy se incorporó definitivamente al cuerpo de Policía Local de Pinto, convirtiéndose en la primera mujer agente del municipio. Durante una década sería la única. No fue hasta 2004 cuando otras cuatro mujeres se unieron al cuerpo.

Los comienzos no estuvieron exentos de desafíos. Los compañeros no estaban acostumbrados a trabajar con mujeres, aunque el recibimiento fue, en general, muy bueno. Era conocida como la mujer de Miguel y la nuera de Pedro “el Guardia”, lo que facilitó su integración. Pronto demostró su profesionalidad y fue tratada como un compañero más dentro del cuerpo.
En aquellos años, las dependencias policiales se encontraban en el propio Ayuntamiento de Pinto, en el espacio que hoy ocupa el Servicio de Atención al Ciudadano. El cuerpo contaba entonces con unos veinticuatro agentes y estaba dirigido por su jefe, Octavio. Las instalaciones eran muy distintas a las actuales: Toñy utilizó como vestuario y taquilla el que había sido el baño de María Eugenia, una trabajadora municipal que se desplazaba en silla de ruedas.
En 1995, tras casarse, Toñy se trasladó definitivamente a vivir a Pinto, donde siempre se ha sentido querida y arropada. Sin embargo, la conciliación familiar era prácticamente inexistente en aquellos años. Cuando se quedó embarazada de su primer hijo, no existían uniformes adaptados para mujeres embarazadas, por lo que tuvo que trabajar de paisano.
Continuó realizando turnos, incluso nocturnos, demostrando día a día su valía en un entorno que todavía estaba aprendiendo a integrar plenamente a las mujeres.
La vida tampoco estuvo exenta de momentos difíciles. En marzo de 2001, cuando tenía treinta años y una hija de dos años y medio, le diagnosticaron un cáncer en la sangre. Fue un año muy duro, marcado por el miedo y por un intenso tratamiento de quimioterapia y radioterapia.
Afortunadamente, la enfermedad pudo superarse. Y la vida, que a veces sabe recompensar la valentía, le regaló poco después una nueva alegría: el nacimiento de su segundo hijo.
Tras su recuperación regresó al servicio activo y pasó a trabajar en Educación Vial, impartiendo formación a niños en los colegios del municipio. Allí impulsó en 2003 una iniciativa muy especial: el carnet infantil de la Policía, un proyecto educativo que recibió un diploma de reconocimiento.

Con el paso de los años desempeñó distintos destinos dentro del cuerpo: patrullas, emisora, atención al público, coordinación de medios y escolta de concejales. Más adelante se incorporó a labores administrativas y actualmente continúa prestando servicio en la emisora.
Su trayectoria fue reconocida públicamente el marzo de 2005, cuando recibió un emotivo homenaje en el Teatro Municipal Francisco Rabal. Aquel día, numerosos compañeros acudieron uniformados para acompañarla y rendirle un reconocimiento más que merecido.

En casi treinta años de carrera, Toñy ha sido testigo de una profunda transformación en la Policía Local. Cuando comenzó, no había ordenadores y todos los informes se redactaban con máquinas de escribir. Los vehículos, los uniformes, las comunicaciones y el equipamiento han evolucionado enormemente. Los chalecos antibalas no llegaron hasta 2002 y las armas pasaron de los antiguos revólveres a las pistolas actuales.

Pero quizá el cambio más importante ha sido el cambio de mentalidad.
Hoy la presencia de mujeres en la policía es algo natural. Sin embargo, alguien tuvo que dar el primer paso. Alguien tuvo que abrir la puerta.
Ese alguien fue Toñy.
Madre de dos hijos —Marta, enfermera, y Miguel Ángel, que sueña con ser guardia civil como su padre y sus abuelos—, Toñy siempre se ha sentido profundamente agradecida a sus padres por el apoyo recibido. También guarda un recuerdo muy especial de sus compañeros, especialmente de aquellos que ya no están: Antonio Castañeda, José Antonio Vázquez de Diego y Jorge Lasa, fallecidos mientras estaban en activo.

Quienes la conocen coinciden en lo mismo: Toñy es una mujer profundamente vocacional. Una profesional comprometida con su trabajo y con su pueblo, siempre dispuesta a ayudar y a servir a los demás.
Hoy, en el marco de la Semana de la Mujer, ePinto quiere recordar y reconocer a quien, con esfuerzo, valentía y vocación, abrió camino para muchas otras.
Porque a veces la historia no se escribe con grandes gestas, sino con la determinación silenciosa de quienes se atreven a ser los primeros.
Y en la Policía Local de Pinto, la primera fue ella.



