La carretera de Andalucía a su paso por Pinto en una imagen tomada a principios de los años 70

Siempre unida a Pinto, hoy repasamos la historia del camino de Andalucía.

El 10 de junio de 1761, Carlos III ordena hacer “caminos rectos y sólidos en España, que faciliten el Comercio de unas Provincias a otras, dando principio por los de Andalucía, Cataluña, Galicia y Valencia. El camino se convertiría en una carretera bien dispuesta, incluyendo la construcción de puentes, calzadas y la plantación de arbolado a ambos lados del recorrido, comenzando por la carretera de Aranjuez. De esta manera se llegó a construir una hermosa entrada a Aranjuez, con un largo puente sobre el Jarama, con piedra blanca de Colmenar, y con dos banquetas a cada lado, para que la gente de a pie fuese sin temor a los carruajes. En la entrada se colocó un león que sujetaba con las garras dos tarjetas. Una decía “En el feliz reinado de Carlos Tercero” y en la otra “Hizo este puente Marcos de Viena. Año 1761“.

Si en un lado del camino encontrábamos el caserío de la villa de Pinto, al otro lado encontrábamos el campo, que entonces eran viñas y olivares. El vino y el aceite de Pinto tuvo mucha fama por su calidad.

La carretera, en el XIX y principios del XX, era transitada por caballos, carruajes, escasos carros de mulas de reata, borricos y algún vagabundo. Seguramente el coche más impresionante que existía en Pinto, y en buena parte del país, fuese el del escritor Enrique Pérez Escrich, un hombre rico que a principios de 1880 hizo pintar sus iniciales E.P.E. en las portezuelas de su coche. Manuel del Palacio descifró en un bello artículo aquellas iniciales, diciendo que significaban “Escribiendo Por Entregas“.

Un carro junto al viejo Ayuntamiento de Pinto. Al fondo, la Posada

En Pinto existía el Parador de Pinto, del que hablaremos en otro artículo, pero del que diremos que allí pernoctaban los carros, se echaba pienso a las mulas y dormían los carreteros cuando habían desplazamientos largos.

A finales del XIX y principios del siglo XX era la selecta colonia veraniega que residía en Pinto la que utilizaba esta carretera para sus giras y excursiones. Viajaban en magníficas caballerías y en carruajes de lujo, propiedad de Teodoro Sainz Romillo, propietario de una casa de recreo en Pinto llamada “Villa Acacia“, y de Félix Creus.

En 1913 llegaría uno de los primeros automóviles a Pinto. Se trataba de un 12 Pannhar, propiedad de José Morales Troyano, que alcanzaba los 45 kilómetros por hora. En aquel tiempo eran contados los automóviles que transitaban por Madrid y sus carreteras, todas de tierra. Entonces se viajaba muy pertrechado. Las mujeres con sombreros grandes envueltos en densos velos y los hombres con unos guardapolvos hasta los pies y grandes gafas.

Tráfico en la carretera de Andalucía en 1922

Las mulas se asustaban del artefacto, y los carreteros las sujetaban y les maldecían. La gente observaba atónita, algunas indignadas por perturbar su tranquilidad y porque el polvo que dejaban les envolvía.

Pocos años después, Ángela Troyano compraría un Pannhar negro de 20 caballos, del que solo existía otro en todo Madrid. El coche lo conducía Félix, el chófer. Los chóferes habían sido antes los cocheros de carros. Los pinteños salían a la calle con expectación para ver la llegada del automóvil. En aquella época el avituallamiento de gasolina sólo se podía realizar en algunas capitales.

Ramón Morales Troyano con su automóvil en Sevilla en 1929

Otro de los automóviles que impresionaron al vecindario de Pinto fue el de Nicolás Fúster, director gerente de la Constructora Naval, quien en 1912 compró una casa en nuestro municipio para el descanso estival de su familia. La familia disponía de varios coche, con chófer, entre ellos un Scheider.

La I Guerra Mundial, de 1914 a 1919, hizo escasear la gasolina y obligó a encerrar los pocos autos que existían y se volvieron a sacar los magníficos coches de caballos.

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