El cura de Pinto publicó una carta junto a sus fieles fechada el 22 de febrero de 1921, fecha del hundimiento de la portada de la iglesia de Santo Domingo de Silos.

En la misiva, el cura afirmaba que la iglesia del pueblo de Pinto, que hacía muchos años estaba en ruina, había perdido su fachada por haberse desmoronado. A pesar de las pequeñas ayudas del Estado, nada se pudo hacer para salvar la catástrofe. Todavía existía el peligro de que el desmoronamiento de la fachada arrastrase en su caída a todo el edificio. Y en ese estado de ruina total, los fieles no acudían a las funciones religiosas por temor a otra nueva desgracia.

Criticaba el párroco que el Estado incumpliese su compromiso acordado en el Concordato de sostener y dotar convenientemente a los templos y su culto, viéndose obligados los curas a implorar piedad y caridad a los fieles para que ayudasen a sostener los edificios para evitar que éstos se convirtieran en montones de ruina y lastimosos recuerdos de lo que fueron en otras épocas de florecimiento de la fe y de la piedad española.

El cura llegaba a afirmar:

«Mucho me queda que decir sobre este punto: serían muy duras las verdades que se me ocurren y que luchan por saltar a los puntos de la pluma; pero las dejo archivadas en mi memoria y me limito a pedir a todos los que sientan vivir en su alma el celo por la gloria de Dios y la salvación de las almas, una limosna por el amor de Dios para la reparación de este templo, al que veo pronto convertido en ruinas, si la caridad no mueve los corazones cristianos«.

El padre finalizó su misiva afirmando «entre el temor y la esperanza; pero más inclinado a ésta, suplico una limosna, por el amor de Dios«.

Afortunadamente, las palabras del cura de Pinto no cayeron en el olvido y las obras de reconstrucción de la iglesia comenzaron en un breve espacio de tiempo.

Las campanas de tierra de Pinto

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