«La Pequeña Catedral» de Pinto en una imagen de finales del siglo XIX

El sonido de las campanas acompañaba a los vecinos de las poblaciones a lo largo del día, desde la mañana hasta la noche. Un histórico medio de comunicación con el que se anunciaban las diferentes horas, se llamaba a la oración, se informaba de fallecimientos, diferenciando si el fallecido era hombre, mujer o recién nacido, o un cabo de año.

Cada toque de campana tiene asociado un mensaje diferenciado. Así, cuando repican las campanas, están llamando a la fiesta. Cuando doblan, avisan del fallecimiento.  Se tocaba para el rezo del Ángelus a mediodía, al Rosario por la tarde, y a las diversas novenas que se celebraban con motivo del culto a Cristo, la Virgen o los santos.

También se tocaba a “campana tañida”, cuando era necesaria una reunión del concejo abierto para discutir, tratar y resolver los problemas municipales que surgían en la villa.

Toda la población conocía perfectamente los códigos que diferenciaban los significados de los sonidos de las campanas. Su voz siempre ha estado al servicio de la humanidad. Desgraciadamente todos estos códigos se están perdiendo.

En Pinto hasta hace unos años era común oír el tañer de las campanas en lo alto de la torre campanario de la iglesia, en la espadaña de la iglesia de San José, en la iglesia de las Capuchinas y en las ermitas. Es una parte importante de nuestra cultura.

En nuestro municipio, la campana más antigua de la que se tiene referencia estaba datada en 1362, según un recibo que localizó en 1992 el Seminario de Historia Local de Pinto. Esta campana vieja tenía grabada la fecha 1362 y se quebró en 1679, volviéndose a colocar el nueve de enero de 1684.

Debió de ser una campana que estuvo situada en una torre anterior a la que se inició en 1544. Este año, Juan de Zorita comenzó su construcción y fue continuada, un año más tarde, por Francisco Jiménez y Juan Pérez.

El campanario llegó a tener 14 enormes campanas. Todas ellas fueron fundidas al pie de la torre, ya que en aquella época no existían los medios de automoción para el transporte de las campanas y sus accesorios desde la fundición hasta el lugar de su instalación. En las campanas se podía leer el tipo de aleación. Según la costumbre estaban realizadas en una aleación de cobre y estaño y también plata, platino y oro de las joyas de los propios vecinos.

En 1585 fueron colocadas en la torre campanario gracias al trabajo de un centenar de personas. Las dos mayores pesaban más de una tonelada cada una.

RAYOS Y CENTELLAS. LAS RECONSTRUCCIONES DE LA TORRE CAMPANARIO

Hasta mediados del siglo XVIII no se inventaron los pararrayos. Y, como ya es sabido, este tipo de construcciones, las torres campanarios, son reclamos para que se produzcan allí las descargas eléctricas. Los rayos eléctricos de las tormentas siempre buscan los puntos más altos para realizar su descarga.

El 29 de agosto de 1587, a las tres del mediodía, sobrevino la oscuridad en Pinto. En una fuerte tempestad, cayó un rayo que derribó el chapitel de la iglesia, que era bueno y cubierto de pizarra que había dado el rey. Se reconstruyó en 1600 por Francisco y Pedro Aguado, y el chapitel fue obra de Pedro Lozano.

En 1679 cayó otro rayo sobre el chapitel, y existe constancia de que en 1679, Melchor de Bueras y Miguel Martínez, revisaron la reparación de la torre y el chapitel de la iglesia. Este año fue cuando la campana vieja de 1362 se quebró, volviéndose a colocar en 1684.

A principios del siglo se produce un auténtico desastre en nuestro patrimonio y la Pequeña Catedral pierde su torre y su portada. Pero esta triste historia merece su explicación en otros artículos.

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